martes, 26 de junio de 2007

cInE y lItErAtUrA -lAs ItAcAs y UlysEs

ItAcA
Cuando emprendas tu viaje hacia Itaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Poseidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Poseidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Itaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Itaca te enriquezca:
Itaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ella, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Itacas.

Constantino Kavafis



cInE y lItErAtUrA

La diferencia entre literatura y cine corresponde a dos hechos principales desde la artesanía y los procesos de la mente con respecto a la actividad artística en cada uno de los respectivos campos. En la literatura el hecho de la imaginar (to imagine) y en el cine el hecho de observar (to watch), emparentados con la actividad mental en aras de la configuración de la obra de arte derivan en procesos diferentes a nivel del intelecto y el trabajo del individuo.


En La Odisea, con respecto al Ulises de Homero, el orador de la época resolvía la secuencia de Circe al sugerir desde la palabra un rictus de su imaginado bello rostro comunicándolo a cada uno de los audientes cuando la maga ha sometido al guerrero y así la hermosa hechicera se infundía de satisfacción cuando su magia actuaba y retenía al noble Odiseus, nombre con el que también se le conoce al guerrero por su nave. Eran entonces el orador, la palabra y la imaginación.


En el Ulises de Joyce la evidencia del recorrido de unas horas durante noche y madrugada por la ciudad se resuelve en ochocientas páginas en donde se narra lo vivido (oído, visto, olfateado entre otras muchas acciones) por Leopoldo Bloom y su acompañante, Stephen Dedalus. A partir de las descripciones subjetivas de lugares, personajes, situaciones, conversaciones y secuencias del recorrido, se narra una historia con todas ellas, las imágenes que fluyen de conformidad con la narración a tal punto que "una frase no describe una acción o movimiento sino que la comunica" como afirma Jacques Mercanton en su prólogo a Ulises, la obra de Joyce. Son entonces el narrador, las imágenes y la observación.


El cine y la literatura pueden tener convergencias y divergencias pero exigen la asunción de renuncias -trade offs- las cuales dependen exclusivamente de la elección simple de lo que se quiere: literatura o cine. Se es y se vive para el cine o para la literatura sobreentendiéndose de antemano que se vive para el arte y no de ella y de ahí que la elección entre cine y literatura obedezca a la perspectiva de artista desde una apuesta u ofrecimiento que no se equipara a una transacción corriente. Una vez se ha hecho el ofrecimiento "sólo queda aguantar a pie firme y apretando los dientes" como lo afirma Bataille en El Aleluya (1947). Las relaciones entre el arte y la aprensión a la que se refiere Bataille cuando sale de la Biblioteca de París bajo la lluvia de una noche fría y cierra su paraguas con su cabeza adentro para relatar el pasaje citado, son similares a las de los clamados al arte. Angustia y horror le son afines al arte como a la filosofía.


Para quien se ocupa de la literatura, la labor con las palabras reside en atizar la imaginación y resolver los hechos contados al espectador y para el cineasta, su labor con las imágenes, reside en precisar los hechos no contados y resolver lo imaginado por el espectador. Discutir si un escrito se narra en primera o tercera persona es algo que nada tiene que ver con la forma de narrar en el guión literario y el guión técnico (filming scripts) o el guión de montaje (cutting script). Del mismo modo durante el rodaje, la forma de presentar la instrucción al equipo fílmico en todas y cada una de las fases sería una labor tan disímil según se emprendiera desde la perspectiva del orador y la del narrador de los respectivos Ulises. En cuanto a la literatura, el equipo al que se comunica es el propio ego. En la literatura, la Itaca de las palabras y en el cine, la Itaca de las imágenes.


El Ulises de Homero y el de Joyce son el mismo en razón de su motivación y su voluntad que no son más que la representación de El Odiseo -thE OdIsEUs-, Ulises que al igual que por el mar de Grecia o las calles de Dublin avanza del mismo modo que lo hacen hoy hombres y mujeres inmersos en la cultura -ese "universo de signos", según Cassirer- siguiendo el rastro de su Itaca, la que también es otra más que un lugar literario por cuenta del también poeta griego, Kavafis.





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